FLEXIBILIDAD... Antes de convertirme en madre, esta palabra me sonaba tan difícil, que jamás imaginé que se transformaría en uno de los pilares de mi día a día.
Cuando estaba embarazada de mi primera hija - Antonia - tenía muy claras ciertas "verdades" que iba a poner en práctica con la bebé, una de ellas era no colechar (compartir la cama de los papás con el bebé). Y defendía acérrimamente mis dichos, nada podría cambiar mi forma de pensar, la estructura de crianza que tenía mentalmente armada, aun cuando muchos me decían la tan odiada frase "otra cosa es con guitarra".
Bueno, llegó mi princesa, y los primeros días en la clínica no hubo mayor problema, cubiertas todas nuestras necesidades con la ayuda de las enfermeras de maternidad, mi hija pasó sus primeros días durmiendo en una cunita, tal como yo lo había planificado.
En casa nos esperaba la cuna Pack&Play para acogerla en sus momentos de sueño, cosa que funcionó a lo más una semana. Luego se me vino el mundo abajo, mi hija lloraba de noche y dormía de día, tuvimos problemas con la lactancia por temas de acoplamiento que ni la asesora de la Liga de la Leche pudo solucionar, y finalmente tuve que tener una seria conversación conmigo misma porque el cansancio estaba mermando mis nervios y mi ánimo:
¿Qué iba a hacer? ¿Era tan importante mantener mi palabra sobre no colechar? ¿O podía darme la oportunidad de cambiar/flexibilizar esta decisión y hacer lo que me pedía el corazón y la piel?
Siento que fue un momento de quiebre, una hora fundamental... "la hora de la verdad".
Confieso que sentí un poco de vergüenza al querer desdecirme de lo que tan férreamente había afirmado y proclamado a los 4 vientos, incluso criticando a más de alguna madre o familia.
Hoy siento que ese quiebre con mi inflexibilidad fue fundamental. Me dí permiso de cambiar mi decisión y dejarme llevar por mi instinto materno, de perdonarme por cambiar de idea. Comenzamos a colechar y dormir mejor por las noches (ya con dormir me daba por pagada), y sobre todo, ese instinto materno que se vio liberado es el que hoy me ha mantenido día a día poniendo primero el amor, haciendo crecer mi paciencia hasta niveles que me sentía incapaz, pudiendo contener a mi pequeña cuando sus herramientas emocionales de autocontrol se ven superadas, acompañándola con respeto. Y respirando aliviada como mamá, des-culpandome, dándome permiso para fallar, cuidándome y tratando de aplicar más respeto hacia otras mujeres/madres sin poner el juicio primero (esto sí que cuesta, ser solidarias entre nosotras).
Ahora que ya está pronto a llegar mi segundo hijo, vivo su espera de forma menos idealizada y más amorosa conmigo misma, menos ansiedad, más tranquilidad y humor. Al final, en la crianza "la contienda es desigual" (chiste interno), y solo el amor, la paciencia y la FLEXIBILIDAD me permitirán disfrutar a mi pequeño tanto o más de lo que hasta ahora he podido hacerlo con mi princesa.
Soy mamá de Antonia y Arturo, una princesa y un príncipe que llegaron a nuestras vidas como un regalo. Con mi esposo compartimos su crianza día a día maravillándonos de lo que Dios nos ha dado. Además soy mujer amante de los números, el reciclaje y la maternidad con amor.
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jueves, 2 de junio de 2016
domingo, 13 de julio de 2014
Mamá aprendió a conducir
Por años renegué de aprender a conducir un vehículo, me daba susto, nervio, un montón de sensaciones de rechazo, a esto se sumaba el ver la agresividad de los otros conductores.
Cuando nació mi hija, la presión social para que yo aprendiera a conducir se intensificó, de hecho desde que estaba embarazada que me lo repetían una y otra vez, que era necesario, que era un plus, que si alguna emergencia, etc., etc.
Bueno, finalmente hice el curso en casi un mes, clases teóricas y clases prácticas, me estudie los libritos que me dieron sobre las normas de tránsito y temas propios de un vehículo, di el examen y pese a que el caballero que me lo tomó no estaba tan convencido, me dieron mi licencia de conducir: ya era apta para salir a las carreteras en el auto de la familia.
Pasaron mas de dos semanas antes que tomara el auto para salir a practicar cerca de mi casa, la verdad seguía siendo tensionante para mí manejar, no me gustaba. Hoy pasé la prueba de fuego manejando por la autopista a 90 km/hr y sigo detestando la velocidad, se me detuvo algunas veces, me equivoqué de cambio otras tantas, pero todo bien; la gente muy agresiva para ser domingo, me llevé algunos bocinazos, pero no enganché, no valía la pena... es domingo por favor!!! como tan pesados!!!
En resumen: sé conducir, puedo hacerlo, pero no me gusta y no me siento cómoda, lo mejor es que Papá Kine conduce sin problemas, así que puedo descansar nuevamente de esto y dejarlo para emergencias o de estricta necesidad.
Cuando nació mi hija, la presión social para que yo aprendiera a conducir se intensificó, de hecho desde que estaba embarazada que me lo repetían una y otra vez, que era necesario, que era un plus, que si alguna emergencia, etc., etc.
Bueno, finalmente hice el curso en casi un mes, clases teóricas y clases prácticas, me estudie los libritos que me dieron sobre las normas de tránsito y temas propios de un vehículo, di el examen y pese a que el caballero que me lo tomó no estaba tan convencido, me dieron mi licencia de conducir: ya era apta para salir a las carreteras en el auto de la familia.
Pasaron mas de dos semanas antes que tomara el auto para salir a practicar cerca de mi casa, la verdad seguía siendo tensionante para mí manejar, no me gustaba. Hoy pasé la prueba de fuego manejando por la autopista a 90 km/hr y sigo detestando la velocidad, se me detuvo algunas veces, me equivoqué de cambio otras tantas, pero todo bien; la gente muy agresiva para ser domingo, me llevé algunos bocinazos, pero no enganché, no valía la pena... es domingo por favor!!! como tan pesados!!!
En resumen: sé conducir, puedo hacerlo, pero no me gusta y no me siento cómoda, lo mejor es que Papá Kine conduce sin problemas, así que puedo descansar nuevamente de esto y dejarlo para emergencias o de estricta necesidad.
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