miércoles, 29 de marzo de 2017

El Osito Jorge

Un cuento creado especialmente para mi hija Antonia e inspirado por ella en las noches en que me pedía que le contara un cuento para dormirse (luego ya eran tres cuentos jeje)











martes, 14 de marzo de 2017

Te amo hasta el corazón

Con esa frase se durmió hoy mi hija.

Dimos las gracias a Jesús por el día, ella le dijo:
- "Gracias Jesús porque mi Tata se siente mejor. Y por favor, Jesús, no quiero tener mas tos".

Después la abracé y cantamos "sal de ahí chivita, chivita" y hasta Peppa y Papá Cerdito y Mamá Cerdita salieron al baile.

Luego, ya era hora de dormir. "Te amo" le dije, me abraza y me dice "Yo también te amo... hasta el corazón".

Y me quedé con esa frase, "hasta el corazón", fue un bálsamo a estos días en que ha estado un tanto rebelde, porfiada y mañosa, no quiere nada, no hace caso, en fin... ¡los terribles 3 años! Y para nosotros con Carlos no ha sido fácil, tenemos que repetirnos cada día que nuestro método jamás será la violencia, sino el amor y la paciencia, que primero debemos estar tranquilos nosotros para poder contener sus emociones, que tenemos que ser firmes, pero en amor.

Hoy mientras salía a correr mis 30 minutos, pensaba en Jesús, él sólo amó a los niños, reprendió a mucha gente, pero fue super claro respecto a los 'locos bajitos':


"Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos." (Mateo 19:14)
 Así es que a seguir amando a nuestros dos pequeños que crecen tan ricos cada día, Arturo es pura risa y Antonia habla todo el rato, son lo mejor que nos ha pasado como familia, estamos orgullosos, medios cansados porque han estado enfermitos estos días, pero nos sentimos dichosos y bendecidos de estar con ellos y para ellos, y verlos crecer felices y seguros. Gracias Dios por confiar en nosotros para ser sus padres.

lunes, 20 de febrero de 2017

Los años pasan, sus risas quedan

... y sus besos también.

Así es con nuestros hijos. Así también lo es para mí con mi esposo.
Pero hoy, después de tanto tiempo sin escribir por acá, quiero explayarme sobre mis niños, mis dos soles, mi princesa y mi príncipe, ¡qué grandes están!

Uf! El tiempo vuela y su paso precipitado a veces hasta duele, porque veo que mis bebes crecen tan rápido y van dejando mi corazón lleno de recuerdos, de sonrisas y besos, pero también de cierta melancolía por el tiempo que ya no volverá.
Día a día trato de centrarme en el presente, de disfrutar cada minuto con ellos, pero es difícil pensando en las muchas horas que paso en el trabajo (o de camino a...) o los momentos en que mi cansancio no me permite amarlos con paciencia, y tiendo al enojo.

Ahora, de que los he disfrutado a concho hasta aquí, lo he hecho: la salida de los primeros dientes y esas sonrisas con dos puntitos blancos en la boca (también las primeras mordidas en las "titis" ... uy!), sus primeras sonrisas y sus balbuceos, sus primeras comidas, sus primeras palabras, la primera vez que Antonia aplaudió, caminó, corrió, saltó, etc. etc. etc.

A veces la maternidad me satura -¿a quién no le pasa?- y me canso y quiero estar sola, pero a los segundos mi corazón maternal se inunda y vuelvo a mis locos bajitos. Nunca pasa mucho antes de querer tenerlos cerca de nuevo, abrazarlos, besuquearlos, tomarlos en brazos, hacerles cosquillas o sólo mirarlos, enamorarme, y recibir su amor de vuelta: en el caso de Arturo, su mirada y sonrisas coquetas, llenas de amor, enamorado de mamá con sus dos dientes en la encía de abajo y sus ojitos curiosos; en el caso de Antonia con sus conversaciones, sus abrazos, el que se me encarama por todos lados y se me cuelga por donde puede, y su ansia de que la acompañe a dormir en su cama.

En diciembre pasado mi niña marcó un hito y se fue -solita- a dormir a su pieza, aun me apena "su partida" a la pieza del frente, uf! no es fácil despegarse físicamente, aun siento ganas de metérmelos de nuevo al vientre cuando algo les pasa. Así que, cuando despierto en la mañana y ella se ha metido a nuestra cama, o la veo llegar con su almohada a media noche, me lleno de una ternura y alegría y la recibo y la envuelvo en mis brazos.

Los hijos son prestados, es un regalo y una honra de parte de Dios, y es un buen signo que poco a poco vayan adquiriendo independencia, pero para mí sigue siendo un tanto doloroso, con ellos soy muy de piel y necesito sentir su calorcito, sus olores, sus cuerpitos, su dependencia, aunque me siento feliz de verlos crecer seguros y taaaaaaan beeeellos.

Los hijos crecen, sus besos quedan, mi útero guarda el recuerdo cálido de haberlos acunado sus primeros 9 meses de vida, mis brazos y pechos guardaran siempre el calor de sus cuerpos nutriéndose de amor y leche.

viernes, 30 de diciembre de 2016

De nuevo Adaptación a la Sala Cuna

Volvemos al ciclo de adaptación en Sala Cuna, esta vez para mi hijo menor Arturo, de 6 meses.

De vuelta a pelear con las sensaciones de pena, un poco de sentimiento de frustración, y por otro lado, creer que es lo mejor para nuestra familia.

Hoy fue su segundo día, 2 horas y cuando llegué dormía. Ayer fue 1 hora y estaba llorando de hambre cuando lo fuí a buscar.

Como mi hija está en el mismo jardín, me los traigo a los dos a mediodía, porque ayer ella me vió y lloraba con mucha pena pensando que iba sólo a buscar al hermano. Al final, llevamos dos días durmiendo unas ricas siestas los tres por la tarde.

A veces me da lata que en Chile exista tan poca flexibilidad laboral y/o horaria, que se valore muchas veces la cantidad de horas en la oficina, que lo productivas que puedan ser esas horas. Por ejemplo, me encantaría poder trabajar mediodía en la oficina, y la otra media jornada en horario libre desde mi casa, sobre todo considerando que por contrato no tengo un horario establecido.

En fin, algún día -espero- las madres podrán elegir quedarse con sus hijos o ir a trabajar.
Por ahora, ponerle el hombro y pedir a Dios que me cuide a mi príncipe... Espero adaptarme pronto... jejeje

lunes, 25 de julio de 2016

Mi Parto Natural en el Auto

Jueves 23 de Junio de 2016.

Fue de otro planeta la llegada de nuestro segundo hijo, Arturo.

15:03, primera contracción distinta a las anteriores, más intensa. Hacia una o dos horas antes que había sentido una especie de "clic" en la parte baja de mi vientre (indoloro) y en broma le decía por chat a mi esposo que quizá Arturo se había encajado... parece que no era broma y había comenzado el proceso.
Para las 15:44 ya llevaba dos contracciones muy fuertes en intensidad y dolor, así es que decidí avisarle a Carlos e irme a duchar "por si acaso".
Para las 15:51 ya iba la tercera y le pedí a mi esposo que se viniera a casa y de paso llamara a la matrona, mientras yo salía de la ducha, pero ni siquiera alcancé a secarme.
Cerca de las 5 llegó Carlos a la casa, había hablado con la matrona y le recomendó tomarme unas gotas de Viadil y darme un baño de tina, para relajarme y seguramente así iban a pasar las contracciones (siempre que no fueran de trabajo de parto).

Me preparó el baño de tina con agua caliente y me tomé muchas gotas de viadil. Una vez en el agua traté de relajarme y cuando venía la contracción, soltar los músculos de la cintura hacia abajo, traer a mi mente el proceso que estaba viviendo mi útero (para esa hora ya tenía la convicción de que estaba en trabajo de parto) y "hablarle", apoyar el proceso de dilatación y mentalizarme en él y no en el dolor. De primera me resultaba, pensar en mi útero contrayéndose, acortándose el cuello hasta despejar el canal del parto, dilatarse... pero el dolor me la iba ganando (mi umbral del dolor físico no aguanta mucho que digamos).

Mientras me relajaba en el agua caliente del baño, mi esposo fue a buscar a nuestra hija de 2 años al jardín donde asiste, y avisó a mis suegros para que se vinieran ya a nuestra casa (ellos viven en otra ciudad, a unas 2 horas de distancia, más lo que demoraran en coordinarse antes de venir). Días antes nuestra vecina nos había ofrecido gentilmente su ayuda, y como tiene un niño de la edad de nuestra hija, la llamamos para pedirle si nos la podía cuidar mientras llegaban los abuelos a buscarla; ella muy amorosa accedió y se puso a nuestro servicio en lo que pudiéramos necesitar.
Primer tema resuelto: nuestra hija mayor estaría bien.

Luego, alrededor de las 17:30 mi esposo volvió conmigo, me ayudó a salir de la tina, y ahí me di cuenta que casi no podía dar un paso del dolor. Como conversaríamos después con mi matrona, seguramente con el relajo del agua caliente, Arturo se terminó de encajar... El trabajo de parto iba avanzando mucho más veloz que en mi primera bebe.

De ahí hasta lograr subirme al auto fue un mar de contracciones sumamente dolorosas, casi no me podía mover ni dar un paso, no podía vestirme ni moverme y no logré encontrar una posición para descansar entre una y otra. Era tanto el dolor que sentí las ganas de vomitar, y el miedo me inundó, temía no soportar tanto dolor (pese a que sabía que nada más que el parto iba a suceder), me dio pena con todo lo que había leído y me había concientizado, no poder evadir el centrarme en el dolor. Al principio lo intenté, traté de conectarme con mi cuerpo, con el proceso que estaba viviendo, pero luego me rendí al intenso dolor que casi no me daba respiro.
Cuando voté algo de sangre nos asustamos un poco y como pudo mi esposo me ayudó a vestirme, luego bajar la escalera, y al llegar al primer piso, entre pausa, gritos de desahogo del dolor y pasitos cortos, logré subirme al asiento del copiloto del auto, claro que en una posición imposible: medio recostada sobre mi lado izquierdo, casi cayéndome del asiento y sin cinturón de seguridad... no atine a nada más, quería "teletransportarme" a la clínica, pero no esperaba un largo -muy largo- trayecto.

Comenzamos la ruta a la clínica en medio del horario de mayor congestión de la ciudad, avanzabamos lento, y las contracciones y trabajo de parto iban muy rápido, por el corto espacio entre una y otra, calculé que estaba en el proceso de dilatación. La única forma que encontré para pasar cada una fue gritando, pero no esos gritos agudos, sino un grito visceral, que -pese a que siempre me habían dicho que no era bueno por la energía que se gasta- me transportaban a un mundo salvaje, mi loba interior.

"No puedo parar de pujar", fue el anuncio y desahogo que nos avisó que la cosa iba rápida, aun faltaba un tercio de recorrido y mi cuerpo ya se preparaba para la etapa de expulsión, seguramente había terminado de dilatar y estábamos más o menos listos con mi crio.
Avanzamos un par de cuadras, entre bocinazos y pasarnos semáforos en rojo, cuando lo supe: mi niño vendría muy muy pronto. Rompí fuentes y el líquido comenzó a fluir.
Seguí pujando, con todas mis fuerzas, con todo mi cuerpo, sin resistirme en lo más mínimo. Sentía la cabeza de Arturo chocando con mi hueso sacro, y la fuerza del universo lo volvía a empujar hacia afuera, mi piel transpiraba, el miedo se había ido. Pese al dolor de cada contracción, me sentía empoderada, animal, fuerte.

Un segundo y ya venía... "Estaciónate, que va a nacer", le grité a mi esposo, se preparó mi cuerpo, por un segundo no podía creerlo, no recuerdo el dolor, sólo recuerdo que supe que venía, puje con toda mi mente, mi cuerpo, mi corazón, mis años de dolores emocionales, mi vida entera, pujé y sentí como su cabeza salía a esta noche invernal de Santiago de Chile.
Carlos cruzó 3 pistas y se metió a una calle lateral, a grito limpio para que lo dejaran pasar, subió el auto a la vereda, se bajó, dió la vuelta y alcanzó a agacharse y poner las manos para recibir a nuestro Arturo Agustín. Esperé la siguiente contracción, y sin gritar para no asustar a mi niño, volví a pujar, y terminó de salir, Carlos dice que cuando lo vió estaba con la cabeza afuera, se giro a la altura de sus hombros y salió. Él que sólo quería cortar el cordón, terminó recibiendo a su hijo en su llegada al mundo, comprobando que respirara, que no viniera azul, que llorara y se moviera. Luego lo envolvió en su poleron, me lo pasó con el cordón aun conectado a la placenta, pidió a un par de personas que detuvieran el tránsito para devolverse a la calle principal (en contra del tránsito) y seguimos camino a la clínica.
Recibí a mi niño envuelto, con los ojos abiertos y su piel roja, caliente y suave. Había nacido en el auto familiar, auxiliado por su padre, un jueves 23 de junio alrededor de las 18:40 de la tarde.
Un par de cuadras más adelante aprovechando una nueva contracción, expulsé la placenta, y así llegamos a urgencias donde un equipo completo nos esperaba, avisados previamente por mi matrona (que en ese momento asistía otro parto).
Al llegar a la clínica entré en shock, era demasiada la experiencia, y me tomaría todavía unos días más procesarla. Pero todo salió bien, mi bebé no tuvo ningún problema de nada, nació completamente sano y listo para colgarse de la teta de su madre a penas nos reunimos nuevamente (alrededor de una hora después).

Hoy, mientras escribo estas líneas y recuerdo todo ese proceso (quizá no con todo el detalle), ya no recuerdo el dolor ni el miedo, pero sí lo íntimo del proceso. Cada tanto interrumpo estas líneas para darle pecho, y mientras mama, lo miro, acaricio sus pequeñas manos y agradezco a Dios que nos cuido en todo momento, y a mi esposo, mi partner y matrón personal.

Así llegaste al mundo hijo, como todo un guerrero.